mision urbana

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El cristianismo dice: “Las criaturas no nacen con deseos a menos que exista la manera de satisfacer tales deseos. El niño siente hambre, y existe una cosa que se llama comida. Un patito quiere nadar, y hay una cosa que se llama agua. Los hombres sienten deseos sexuales, y hay una cosa que se llama sexo. Si hallo en mí un deseo que ninguna experiencia en este mundo puede satisfacer, lo más probable es que yo estoy hecho para otro mundo. Si ninguno de mis placeres terrenales lo satisface, esto no prueba en manera alguna que el universo sea un fraude. Probablemente los deseos terrenales no se hicieron para darle completa satisfacción, sino para incitar, para sugerir lo que de veras lo satisface. Si ello es así, por una parte debo tener sumo cuidado de nunca despreciar o mostrarme desagradecido por estas bendiciones terrenales; y por la otra, nunca confundirlas con ese algo más del cual ellas son sólo una especie de copia, un eco, un espejismo. He de mantener vivo en mí el anhelo de mi patria verdadera, que no hallaré sino hasta después de la muerte; nunca debo dejarlo cubrirse de nieve ni quedar a un lado. Debo convertir el principal objetivo de mi vida el marchar hacia esa patria y ayudar a otros a que hagan lo mismo.
No hay por qué preocuparse por quienes, a manera de chiste, tratan de hacer aparecer la esperanza cristiana del “cielo” como algo ridículo, diciendo que no quisieran “pasar la eternidad tocando un arpa”. La respuesta que se les ha de dar es que si no pueden entender libros escritos para personas adultas, no deben hablar de ellos. Las imágenes que aparecen en las Sagradas Escrituras (arpas, coronas, oro, etc.) son, claro está, símbolos destinados a expresar lo inexpresable. Se mencionan instrumentos musicales porque para mucha gente (no para todo el mundo) en esta vida la música es lo que con mayor vigor sugiere el éxtasis y el infinito. Se mencionan coronas porque ellas sugieren el hecho de que los que están unidos con Dios por toda la eternidad participan del esplendor, el poder y el gozo divinos. Y se menciona el oro para sugerir lo eterno del Cielo, ya que el oro no se enmohece, y también lo precioso de él. Quienes tornan estos símbolos en forma literal también podrían pensar que cuando Cristo nos dice que debernos ser como palomas, quiere decir que debernos poner huevos.
— Satisfacción - C. S. Lewis - Mero Cristianismo